En plena adaptación al plantel mayor, Weigandt y Capaldo disputaron su primer superclásico de la mano de Alfaro y sueñan con mucho más: “Fue una sensación muy linda”, coincidieron los juveniles. ¿Qué hicieron con esa camiseta especial?
Son pequeños saltos en sus carreras, pasos cortos pero firmes hacia un futuro esperanzador. Esos juveniles que se destacaban cada sábado en inferiores se van ganando un lugar en el primer equipo de Alfaro. Con un puñado de partidos oficiales, Marcelo Weigandt y Nicolás Capaldo tuvieron la chance de disputar su primer superclásico y, como en sus primeras apariciones, dejaron una imagen positiva.
“Fue algo hermoso. Cuando era más chico seguía los superclásicos desde el sillón en casa como un hincha más y ahora poder jugarlo fue algo muy lindo. Son partidos aparte, son partidos que marcan y se trata dejar todo y de ganar como sea posible”, remarcó Capaldo, con la misma intensidad con la que corre hasta el último minuto de partido.
Weigandt, por su parte, coincidió con el volante pampeano sobre las sensaciones de haber tenido su primer duelo en el Estadio Monumental. “Fue una sensación muy linda. El cuerpo técnico y mis compañeros me dan la confianza día tras día. Y la verdad es que me sentí muy cómodo. Estaba tranquilo, pero con muchas ansias de jugar. Estoy muy tranquilo, porque fue mi primer superclásico”, remarcó el Chelo.
Queda claro que son momentos únicos e imborrables, son esos instantes que se sueñan repetidamente desde chicos, y cualquier recuerdo de ese día sirve como tesoro para poder transmitir esa vivencia el día de mañana.
“Este es un momento único, el primer superclásico se recuerda por siempre. Me guarde la camiseta y me la guardare como recuerdo. Muchos familiares, muchos amigos de la infancia y técnicos de inferiores también me escribieron”, reconoció Capaldo sobre las horas posteriores al partido.
Weigandt, que le obsequió su casaca a su madre, también contó la cantidad de mensajes con los que se encontró al regresar al hotel tras el superclásico. “Siempre me apoyo en mi familia, en mis primos y mis tíos. Están todos muy contentos en mi casa, muy felices. Apenas terminó el partido, mi mama me mandó un mensaje y me contó que estaba muy contenta y se puso a llorar en el momento en el que me vio salir a la cancha. Eso me emociona y me dan ganas de dar cada partido un poco más”, enfatizó el lateral derecho.
Son pequeñas historias que nacen en la cantera del club. Historias de esfuerzo y entrega, de dejar todo por un sueño a futuro. Ese sacrificio de Weigandt y Capaldo empieza a florecer y a dar sus primeros frutos en el primer equipo. El superclásico fue un remanso de satisfacción y un nuevo impulso para seguir creciendo.
TEXTO Y FOTOS: PRENSA BOCA
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