
El marco en la tarde de ayer prometía un final más interesante para un espectáculo que ya forma parte de una de las obligaciones en vida: Dicen que uno no puede morirse sin ver el superclásico argentino, pero el de ayer fue mucho colorido y un resultado poco deseado para todos.
Con una bombonera repleta de gente, que abrió sus puertas a las 11.30 de la mañana y no tardo en llenarse. Con las típicas bromas “clasiqueras”, los hinchas locales le recordaban a los visitantes su suerte del torneo pasado. Con una reserva que parecía el partido del primer equipo, pero que también terminó en empate. Con chicanas preparadas, como cajas de ravioles, maíz, banderas con prohibiciones, etc.; de todos los gustos, formas, colores, y dedicada a todos los referentes posibles. A las 3 de la tarde, La Boca fue escenario de la más hermosa imagen que el público futbolero pudo ver en los últimos tiempos. Cintas por todos lados, globos, mucho humo azul y oro, gargantas al mango y la ilusión de toda una bombonera con ganas de ver uno de los mejores espectáculos del mundo.
También fue el momento en que se destaparon las incógnitas de la semana y la voz del estadio confirmó que Riquelme estaría en la zona de palcos mirando el partido. Su puesto esta vez, sería responsabilidad de Nicolas Gaitán. Con su típico 4-3-1-2 y un Cristian Chávez como mediocampista por izquierda, Boca ingresó al campo de juego luego de una interesante conclusión en el túnel de salida: Todos tenían ganas de dar lo mejor y ganar. Otro ausente de último momento fue Luciano Figueroa quien, el sábado a la medianoche, tuvo que abandonar la concentración a causa de un cólico renal y fue internado en la clínica Los Arcos de Palermo.
Enfrente, un River con dudas. Con un 4-4-2 y un doble cinco por parte del tan querido Ahumada y Nico Domingo. Con gallardo como enganche y Bou. Con un Falcao recuperado que fue titular, un Buonanotte esperando su turno en el banco, y un Fabbiani que dejo mucho que desear.
El comienzo del partido fue muy trabado y encontró mejor al equipo de Ischia. Los primeros minutos se pudo ver un Boca con los dedos en el enchufe, que frenaba cuanta pelota viese en los pies millonarios.
A los 2 minutos apareció la primera llegada de River: Un tiro libre por derecha de Gallardo que Cabral no supo resolver. Enseguida el negro Ibarra manda un remate cruzado que termino cerca del palo derecho del arquero riverplatense. Pero la más clara vino de la mano de Gaitán a los 4 minutos, al aparecer libre sobre la izquierda y dibujando un potente tiro que terminó rechazado por Vega.
La actuación de Fabbiani parecía floja. Apenas tuvo un intento de llegada a los 7 minutos cuando dio un débil cabezazo que termino en los guantes del arquero local. Poco resultado tenia, hasta el momento, el doble nueve que planteo Gorosito.
El primer tiempo se cerró con dos claras para el equipo de Ischia. Una de Battaglia a los 34 con un rebote desde afuera del área que se desvío sobre el travesaño, y otra que merecía terminar en gol, a los 37 con un contraataque por derecha de Gaitán que, superando los tirones en su camiseta, la llevaba rápido, le da un centro a Palacio quien cabecea en forma débil y le permite al arquero encontrar la pelota.
Boca se fue a los vestuarios con la sensación de que era más, y que en cualquier momento, podía sacar ventaja.
El segundo tiempo empezó con los roces y discusiones con las que termino el primero. Siguieron las imprecisiones y River decidió adelantarse unos metros. Esto no sería suficiente. Las trabas del comienzo no impidieron que Boca llegara de una vez por todas. Fue Cáceres quien, a los 13 minutos, salió del fondo con pase a Palacio, quien la toca de derecha al medio para el titán. El 9 saca una zurda al palo derecho y como solo un goleador de su raza puede hacerlo, pone el 1-0 para el local y descontrola a mas de 45.000 almas que se encontraban dentro del templo del futbol.
Boca estaba más tranquilo. Eso hizo que, 7 minutos después del gol de Palermo, Gorosito decida darle un toque a su equipo. Ingreso Buonanotte en lugar de Bou, y también se produjo el abandono del campo de juego de Fabbiani, quien tuvo una mala actuación y se lo noto muy molesto con la decisión del técnico de reemplazarlo por Rosales, a tal punto que pateo un cartel del banco de suplentes.
Luego del gol, Boca empezó a dormirse, y le llego el empate. Buonanotte generó una falta de Battaglia que terminó en tiro libre. Gallardo la metió contra el poste derecho, vulnerando a Abbondanzieri y poniendo la situación 1 a 1.
A esto, Ischia produjo el ingreso de Mouche por Palacio, quien tuvo un partido flojo, y el de Gracian, quien estuvo muy desorientado, por Gaitán.
Pese a sus cambios, el xeneize seguía igual. La situación continuaba desprolija y ambos, indirectamente, querían mantener el empate. Hasta que Boca durmió la siesta más grande del mundo, y River, en vez de soñar despierto, se perdió en la luna de Valencia. A los 33 minutos, un toque recto de Buonanotte logro pasar sin problemas la defensa local, dejando a Falcao solo para convertir. El colombiano definió muy mal con un remate desviado, bastante lejos del palo derecho.
Los últimos minutos fueron para el olvido, ya que nadie quería perder, y las posibilidades de sacar diferencia se estaban agotando.
De clásico tuvo las trabas, los roces entre jugadores, el sufrimiento característico y el folclore. El resultado, evidentemente, no ayudo a nadie. Como figuras podemos llegar a rescatar a Forlín en Boca y Ahumada en River, aunque tampoco podemos negar a los dos “pibes” que convirtieron los tantos del partido.
La semana pasada nos preguntábamos si había hecho bien Ischia en guardarse a muchos jugadores para este partido. A simple vista parecería que si. Boca no tuvo un mal partido, pero le perdonó la vida a un rival que araño la victoria. Con este resultado, el xeneize se convirtió en el invitado a despedirse del torneo local, y confirmó que la prioridad fue y es la Copa Libertadores. Veremos como seguirá la suerte en este torneo, ya que aunque estemos fuera de el, tenemos que mantenernos.
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